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Preparar la piel atópica para el invierno: prevención y cuidados contra el frío

El invierno es la estación más dura para la piel atópica. Entender por qué empeora y qué hacer antes de que llegue el frío marca la diferencia entre sobrevivir los meses más fríos y vivirlos con la piel controlada.

Si tienes piel atópica, ya sabes lo que significa que llegue el invierno. El picor que vuelve con más intensidad. La piel que se agrieta en las manos, los labios, los codos. Los brotes de dermatitis que aparecen cuando bajan las temperaturas y la calefacción lleva semanas funcionando a pleno rendimiento.

No es casualidad. Es biología.

El frío, el viento, el aire seco de la calefacción y los cambios bruscos de temperatura entre el exterior y el interior crean una tormenta perfecta para la piel atópica. Y si no se anticipa, el resultado es predecible: meses de picor, sequedad intensa y brotes difíciles de controlar.

La buena noticia es que preparar la piel atópica para el invierno con tiempo y con los productos y hábitos adecuados puede cambiar completamente el resultado de la temporada. En esta guía vamos a ver exactamente qué le pasa a tu piel en los meses fríos, qué ingredientes funcionan de verdad y cómo construir una rutina que aguante el frío sin tener que recurrir a corticoides cada semana.

Por qué el invierno es la estación más difícil para la piel atópica

La dermatitis atópica es una enfermedad inflamatoria crónica que afecta al 15-20% de los niños y al 2-5% de los adultos en España, según datos de la Academia Española de Dermatología y Venereología (AEDV). Su característica principal es una barrera cutánea deficiente: la capa de lípidos que normalmente protege la piel de las agresiones externas y retiene la humedad funciona mal desde el inicio.

Esta barrera deficiente convierte al invierno en una amenaza especialmente seria. Mientras que una piel sana tolera el frío con relativa facilidad, la piel atópica acumula daños a lo largo de los meses fríos de manera acelerada. Los motivos son múltiples y se suman entre sí:

El resultado de todo esto es predecible: xerosis intensa (piel muy seca), aumento del picor, mayor tendencia a los brotes y una barrera cutánea que tarda mucho más en recuperarse que en verano.

Dato relevante: según un análisis publicado en el Journal of Allergy and Clinical Immunology, los pacientes con dermatitis atópica reportan un empeoramiento significativo de sus síntomas durante los meses de invierno en comparación con el verano, con picos de brotes en los meses de diciembre, enero y febrero. La relación entre temperatura exterior y actividad inflamatoria de la dermatitis está bien documentada en la literatura dermatológica.

Cómo el frío destruye la barrera cutánea paso a paso

Para entender cómo protegerse, hay que entender primero qué destruye el frío. La barrera cutánea funciona como un muro de ladrillos: los corneocitos (células muertas de la capa más externa de la piel) son los ladrillos, y una mezcla de lípidos —ceramidas, colesterol y ácidos grasos libres— actúa como el cemento que los une.

En la piel atópica, este cemento ya está deficiente desde el inicio. Las personas con dermatitis atópica producen menos ceramidas que la piel sana, tienen mutaciones frecuentes en el gen que codifica la filagrina (una proteína estructural clave de la barrera) y presentan niveles elevados de citocinas inflamatorias como la IL-4 y la IL-13 que dañan activamente la barrera.

El mecanismo del frío sobre la barrera cutánea

Un estudio publicado en el Journal of Investigative Dermatology (PubMed) demostró que la exposición a temperaturas bajas deteriora la síntesis de lípidos de la barrera cutánea de forma measurable. Concretamente, el frío inhibe las enzimas responsables de producir ceramidas y colesterol en la capa córnea, lo que genera un empobrecimiento progresivo del «cemento» que mantiene la barrera intacta.

El proceso se desarrolla así:

  1. El frío ralentiza la síntesis de lípidos: las enzimas que producen ceramidas y ácidos grasos libres funcionan a menor rendimiento con el frío. La barrera pierde «cemento».
  2. La piel pierde agua con más rapidez: la TEWL aumenta porque los huecos entre corneocitos se hacen más permeables. La piel se seca desde dentro hacia afuera.
  3. Los irritantes externos penetran con más facilidad: una barrera más permeable deja pasar alérgenos, bacterias y sustancias irritantes que en condiciones normales no atravesarían la epidermis.
  4. Se activa la respuesta inflamatoria: los intrusos que atraviesan la barrera activan los mastocitos y los linfocitos T, lo que desencadena la inflamación, el picor y finalmente el brote visible.
  5. El ciclo se retroalimenta: el rascado daña aún más la barrera, lo que aumenta la permeabilidad y facilita más inflamación. El círculo vicioso del picor-rascado-daño es el peor enemigo de la piel atópica en invierno.
El círculo vicioso del invierno: frío → pérdida de lípidos → barrera más permeable → entrada de irritantes → inflamación → picor → rascado → más daño en la barrera → más frío penetra → más inflamación. Cada paso empeora el siguiente. La intervención temprana, antes de que el ciclo empiece, es mucho más eficaz que intentar parar un brote activo.

La calefacción: el enemigo invisible que agrava la dermatitis en invierno

Muchas personas piensan que el problema de la piel atópica en invierno es solo el frío del exterior. Sin embargo, para gran parte de los afectados, el daño más grave viene de dentro: de los sistemas de calefacción de sus propios hogares.

La calefacción, especialmente la calefacción por aire forzado, los radiadores eléctricos y la calefacción de suelo radiante, genera un microclima interior que puede ser devastador para la piel atópica:

Cómo minimizar el impacto de la calefacción

El objetivo es mantener el ambiente interior lo más favorable posible para la piel, sin renunciar al confort térmico. Las medidas más eficaces son:

Referencia clínica: la AEDV recomienda mantener la humedad relativa del hogar entre el 45% y el 60% en los meses de invierno para pacientes con dermatitis atópica. Por debajo del 40%, el riesgo de brotes aumenta de forma notable. Un higrómetro digital de bajo coste permite controlar la humedad y saber cuándo encender el humidificador.

Ingredientes clave para la piel atópica en invierno

No todos los emolientes son iguales cuando el frío aprieta. En invierno, la piel atópica necesita ingredientes que no solo hidraten, sino que reparen activamente la barrera cutánea y proporcionen una capa protectora más oclusiva que la que puede ser suficiente en primavera o verano.

Estos son los ingredientes con mayor evidencia científica para el cuidado de la piel atópica en invierno:

Ceramidas: reparación de la barrera desde dentro

Las ceramidas son los lípidos más importantes de la barrera cutánea. En la piel atópica, la concentración de ceramidas es hasta un 30% menor que en la piel sana, según estudios publicados en el Journal of Investigative Dermatology. Aplicar ceramidas tópicas contribuye a rellenar los huecos de la barrera y a reducir la pérdida de agua.

En invierno, cuando el frío reduce la síntesis endógena de ceramidas, su aportación externa es aún más importante. Busca fórmulas que combinen ceramidas con colesterol y ácidos grasos libres, ya que estas tres moléculas actúan de forma sinérgica en la barrera.

Manteca de karité y aceite de girasol: lípidos que la piel necesita

La manteca de karité (Butyrospermum Parkii) es rica en ácidos grasos insaturados, especialmente ácido oleico y ácido linoleico, que reponen los lípidos que el frío depleta en la capa córnea. Tiene además propiedades antiinflamatorias leves, con evidencia publicada sobre su capacidad para reducir el eritema y la sequedad en piel seca y atópica.

El aceite de girasol es especialmente relevante por su alto contenido en ácido linoleico (omega-6), un ácido graso esencial que la piel no puede sintetizar por sí misma. Un estudio publicado en PubMed comparó el aceite de oliva y el aceite de girasol en la barrera cutánea de neonatos: el aceite de girasol preservó la función barrera significativamente mejor que el aceite de oliva, que paradójicamente puede agravar la sequedad en pieles atópicas.

Avena coloidal: el antiinflamatorio natural mejor documentado

La avena coloidal (Avena Sativa) tiene una de las mejores evidencias clínicas entre los ingredientes naturales para la piel atópica. Sus compuestos activos, los avenantramidas, inhiben la liberación de histamina y reducen la producción de citocinas proinflamatorias. Un estudio publicado en PubMed sobre avena coloidal y dermatitis mostró reducciones estadísticamente significativas en el prurito (picor) y en el índice SCORAD de los pacientes tratados con emolientes con avena frente a los que usaban emolientes sin avena.

En invierno, cuando el picor se intensifica, la avena coloidal en la formulación del emoliente puede marcar una diferencia notable en la calidad de vida.

Glicerina: el humectante más fiable

La glicerina actúa como humectante: atrae moléculas de agua del ambiente y de las capas profundas de la piel hacia la capa córnea. En condiciones de humedad ambiental adecuada, es muy eficaz. En ambientes muy secos (como el interior con calefacción), debe combinarse siempre con un ingrediente oclusivo que selle el agua que atrae: ceramidas, petrolato, manteca de karité o ceras naturales.

Pantenol (provitamina B5): regeneración y calmante

El pantenol se convierte en ácido pantoténico en la piel, donde estimula la proliferación de fibroblastos y favorece la regeneración del tejido cutáneo. Tiene propiedades hidratantes y antiinflamatorias suaves. En invierno, cuando la piel atópica se agrieta especialmente en manos, labios y talones, el pantenol favorece la cicatrización de estas microfisuras.

Extracto de plátano de Canarias: el activo exclusivo de Topizema

El extracto de Musa Sapientum (plátano de Canarias) es el ingrediente patentado de Topizema. A diferencia de otros activos naturales, no está disponible en ninguna otra marca de dermocosmética. Sus propiedades nutritivas, calmantes y protectoras sobre la piel sensible se combinan con un perfil de seguridad excelente que lo hace apto para uso continuado durante todos los meses del invierno, incluidos los meses de mayor riesgo de brote. Si quieres profundizar en su funcionamiento, puedes leer nuestra guía sobre el extracto de plátano de Canarias para la piel.

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La crema hidratante Topizema combina ceramidas, manteca de karité, avena coloidal y el extracto patentado de plátano de Canarias en una fórmula espesa y oclusiva diseñada específicamente para los meses en los que la piel atópica más lo necesita.

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Cremas con corticoides vs. emolientes naturales en invierno

Es una pregunta que muchas familias se hacen cuando llega el invierno y los brotes se intensifican: ¿cuándo usar el corticoide y cuándo es suficiente con el emoliente? La respuesta exige distinguir claramente entre dos situaciones: la piel en brote activo y la piel en fase de mantenimiento.

Aspecto Corticoides tópicos Emolientes naturales
Función principal Suprimir la inflamación activa de un brote Reparar y mantener la barrera cutánea diariamente
Cuándo usarlos Brotes activos con inflamación, eritema y picor intenso, según pauta médica Todos los días del año, especialmente en invierno
Efecto sobre la barrera No repara la barrera; inhibe la inflamación pero no reconstruye los lípidos Reconstituye activamente los lípidos y fortalece la barrera
Riesgo con uso prolongado Atrofia cutánea, telangiectasias, efecto rebote al retirarlos Sin riesgos con uso continuado; seguros a largo plazo
Uso en niños Con precaución, bajo supervisión médica; dosis y duración limitadas Seguros desde el nacimiento; uso libre y continuado
Papel en invierno Recurso para brotes que no responden al emoliente Base del tratamiento preventivo durante todos los meses de frío

El error más frecuente que veo en personas con piel atópica es usar el corticoide de forma reactiva —cuando el brote ya ha llegado— sin haber construido antes una base de cuidado preventivo con emoliente. El corticoide apaga el fuego, pero no elimina las condiciones que permitieron que el fuego empezara.

La estrategia correcta en invierno es: emoliente diario como base, corticoide como rescate ocasional y siempre bajo indicación de tu dermatólogo. Si los brotes son frecuentes a pesar del uso regular de emoliente, es el momento de consultar para ajustar el tratamiento.

Para profundizar en las alternativas sin cortisona, puedes leer nuestra guía sobre cremas sin corticoides para piel atópica.

Rutina de cuidado para piel atópica en invierno: paso a paso

Una rutina de cuidado para la piel atópica en invierno no se improvisa. Tiene que ser sencilla, repetible todos los días y adaptada a las condiciones específicas del frío. Lo que funciona en verano no siempre funciona en enero.

La diferencia fundamental con la rutina de verano está en la textura del emoliente (más oclusivo en invierno), la frecuencia de aplicación (más veces al día) y la importancia de la limpieza suave (evitar productos que retiran los escasos lípidos que la piel produce en invierno).

Rutina de mañana en invierno

  1. Ducha o baño corto con agua tibia (máximo 35-37 °C): no más de 10 minutos. El agua caliente, aunque reconforta en invierno, elimina los lípidos que la piel necesita y dispara el picor al salir. Usa un gel limpiador syndet (sin jabón, pH 5.5) o un aceite de baño específico para piel atópica.
  2. Secar con toquecitos, sin frotar: la toalla nunca debe pasar por la piel de forma agresiva. Toquecitos suaves y deja la piel ligeramente húmeda.
  3. Emoliente en los tres primeros minutos: este es el paso más crítico de toda la rutina. Dentro de los tres minutos siguientes a la ducha, aplica el emoliente sobre la piel todavía húmeda. El emoliente sella el agua que la piel acaba de absorber y la retiene en la capa córnea. Si esperas a que la piel esté completamente seca, parte de esa hidratación se pierde irremediablemente.
  4. Cantidad generosa: muchas personas aplican muy poco emoliente. Un adulto con piel atópica necesita entre 200 y 500 gramos de emoliente a la semana en invierno. Si te dura demasiado, es probable que estés usando poca cantidad.
  5. Prestar atención especial a manos y labios: son las zonas más expuestas al frío exterior en invierno y las que antes se agrietan. Aplica emoliente en las manos cada vez que las laves, no solo por la mañana.

Aplicación adicional a mediodía (si la piel está muy seca)

En invierno, dos aplicaciones diarias pueden no ser suficientes en las semanas más frías o si hay un brote en curso. Una tercera aplicación a mediodía, especialmente en zonas de pliegues (codos, rodillas, muñecas) donde la piel tiende a resecarse más rápido, puede marcar la diferencia.

Rutina de noche en invierno

  1. Limpieza suave: elimina los restos del día con syndet y agua tibia. No es necesaria una ducha completa si ya te has duchado por la mañana; un lavado de las zonas afectadas es suficiente.
  2. Emoliente generoso en todo el cuerpo: la noche es el mejor momento para aplicar más cantidad. La piel se repara y regenera principalmente durante el sueño, y un emoliente rico proporciona el entorno óptimo para esa reparación.
  3. Ungüento en zonas muy secas: si hay zonas especialmente agrietadas (talones, codos, pliegues de rodilla), aplica un ungüento o bálsamo más oclusivo sobre el emoliente habitual y cúbrelo con una calceta de algodón o un guante de algodón durante la noche. La oclusión multiplica la eficacia del producto.
  4. Temperatura del dormitorio: 18-20 °C: más calor significa más picor nocturno. Una habitación fresca y un humidificador con humedad entre el 50% y el 60% reducen significativamente el picor y el rascado durante el sueño.
  5. Ropa de cama de algodón 100%: sin suavizantes perfumados. El algodón transpira y no irrita. La franela es una alternativa válida si el frío es intenso. La lana directamente sobre la piel está contraindicada.
La regla de los tres minutos: la ventana de máxima eficacia del emoliente es los tres minutos posteriores a la ducha con la piel todavía húmeda. En ese momento, la capa córnea está hidratada y el emoliente puede sellarse sobre ella de forma óptima. Pasado ese tiempo, el agua se evapora y la piel se seca antes de que el emoliente pueda hacer su trabajo. En invierno, con el ambiente más seco, esta ventana se reduce aún más. Nunca dejes pasar más de tres minutos.

¿Quieres saber más sobre cómo hidratar la piel atópica?

Si quieres profundizar en la técnica correcta de hidratación, los ingredientes que marcan la diferencia y los errores más frecuentes, lee nuestra guía completa sobre cómo hidratar la piel atópica correctamente.

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Piel atópica en niños durante el invierno: precauciones específicas

El invierno plantea desafíos especiales para los padres de niños con piel atópica. El colegio, los cambios frecuentes de temperatura entre el interior y el exterior, las capas de ropa y la calefacción del aula crean un entorno especialmente difícil para controlar la dermatitis infantil.

La buena noticia es que los principios básicos son los mismos que para los adultos: emoliente generoso y frecuente, limpieza suave, agua tibia y tejidos de algodón. Las diferencias están en la intensidad del cuidado y en algunos aspectos específicos de la rutina infantil.

El baño en niños con piel atópica en invierno

Hay debate en la literatura dermatológica sobre si es mejor un baño diario o menos frecuente en niños con dermatitis atópica. La National Institute of Arthritis and Musculoskeletal and Skin Diseases (NIAMS) recomienda baños cortos (cinco a diez minutos) con agua tibia y seguidos de inmediato de la aplicación del emoliente como práctica estándar. Lo que hay que evitar a toda costa es el baño largo en agua caliente, que en niños destruye la barrera cutánea con más rapidez que en adultos por ser su piel más fina y permeable.

Si el niño tiene brote activo, algunos dermatólogos recomiendan baños con avena coloidal o con agua termal, que calman la inflamación y el picor sin necesidad de añadir medicamentos tópicos.

La ropa en invierno: el detalle que más subestiman los padres

La elección de la ropa en invierno es tan importante como la elección de la crema. Las recomendaciones específicas son:

El colegio y la piel atópica en invierno

El colegio presenta un reto específico: el niño pasa horas en un ambiente con calefacción, con ropa que no siempre puede ser la ideal, y sin la posibilidad de aplicar el emoliente con la frecuencia que necesitaría. Algunas estrategias prácticas:

Qué hacer cuando aparece un brote de dermatitis en invierno

A pesar de todos los cuidados preventivos, los brotes pueden aparecer. En invierno, los desencadenantes son más frecuentes y el cuerpo tiene menos recursos para contenerlos. Lo importante es saber cómo responder sin empeorar la situación.

La mayoría de las personas con dermatitis en invierno cometen el mismo error cuando aparece un brote: dejan de aplicar el emoliente porque «escuece». Es comprensible, pero contraproducente. Sin emoliente, la barrera se deteriora aún más rápido y el brote se prolonga.

Protocolo de respuesta ante un brote invernal

  1. No dejes de hidratarte: incluso durante un brote activo, el emoliente es necesario. Si el producto habitual escuece, busca una formulación más sencilla y más grasa, con menos activos, que resulte más tolerable sobre la piel inflamada.
  2. Aumenta la frecuencia de aplicación del emoliente: en brote, tres o cuatro veces al día en las zonas afectadas.
  3. Baño corto con agua templada, no caliente: el agua caliente aumenta el picor. Un baño tibio de cinco minutos puede aliviar el picor temporalmente, seguido de emoliente inmediato.
  4. Consulta con tu dermatólogo antes de usar el corticoide: si el brote no mejora en 48-72 horas con medidas emolientes, es el momento de contactar con tu médico. Él decidirá si es necesario un corticoide tópico y qué potencia es adecuada para la zona afectada.
  5. No rasques: lo más difícil. El rascado alivia el picor durante un segundo y lo empeora durante horas. En niños pequeños, las manoplas de algodón por la noche pueden ayudar a prevenir el rascado durante el sueño.
  6. Registra los posibles desencadenantes: ¿cambió algo en los días anteriores al brote? ¿Nueva ropa? ¿Temperatura más baja? ¿Alimento nuevo? Identificar el patrón de los brotes ayuda a anticiparlos y prevenirlos.

Para una guía más completa sobre el manejo de los brotes, puedes leer nuestro artículo sobre qué hacer ante un brote atópico.

Cómo prevenir los brotes antes de que llegue el frío

La prevención del brote atópico en invierno no empieza en diciembre. Empieza en septiembre u octubre, cuando las temperaturas empiezan a bajar y el cuerpo todavía está en buen estado después del verano. Anticiparse al frío es la estrategia más inteligente.

Estas son las medidas preventivas con mayor impacto, ordenadas de mayor a menor relevancia:

Cambiar a un emoliente más oclusivo antes de que llegue el frío

Si en verano usabas una loción o un gel-crema ligero, el otoño es el momento de cambiar a una crema más rica o a un ungüento. No esperes a que la piel esté seca y agrietada para hacer el cambio: cuando ese momento llega, la barrera ya lleva semanas deteriorándose.

La transición ideal es gradual: empieza con la crema más oclusiva en las zonas que primero se resienten (manos, talones, pliegues) mientras mantienes el producto más ligero en el resto del cuerpo. Conforme el frío se intensifique, extiende el producto más oclusivo a más zonas.

Instalar el humidificador antes de encender la calefacción

El humidificador debe estar funcionando desde el primer día que enciendes la calefacción, no semanas después cuando la piel ya está resentida. Mantener la humedad relativa del dormitorio entre el 50% y el 60% desde el inicio del otoño es una de las medidas preventivas más eficaces para la piel atópica.

Revisión dermatológica en otoño

Si cada invierno tienes brotes frecuentes o intensos, el otoño es el mejor momento para revisar el tratamiento con tu dermatólogo antes de que empiece la estación difícil. Puede ser el momento de ajustar el emoliente, reforzar el tratamiento de mantenimiento o plantearse opciones adicionales si los brotes han sido muy incapacitantes en inviernos anteriores.

Revisar la alimentación y el estrés

Los brotes de dermatitis atópica tienen múltiples desencadenantes. Además del frío y la calefacción, el estrés y algunos alimentos pueden contribuir a los brotes de invierno, que coinciden frecuentemente con épocas de mayor carga laboral o académica y con los excesos alimentarios de las fiestas. Revisar los posibles desencadenantes internos es tan importante como cuidar la piel externamente.

En nuestra guía sobre piel atópica y alimentación encontrarás información detallada sobre qué comer y qué evitar para reducir la frecuencia de los brotes.

El mejor momento para reforzar el cuidado es antes de que la piel empeore. La barrera cutánea tarda semanas en deteriorarse y semanas en recuperarse. Si empiezas el cuidado intensivo cuando la piel ya está en mal estado, necesitarás mucho más tiempo y esfuerzo para recuperar el control. Anticípate al frío y la piel lo notará desde el primer mes de invierno.

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La crema hidratante de Topizema está formulada para ser el emoliente de referencia en la rutina diaria de la piel atópica, con ingredientes que reparan la barrera cutánea y calman el picor desde la primera aplicación.

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Preguntas frecuentes sobre piel atópica en invierno

¿Por qué empeora la piel atópica en invierno?
El invierno combina varios factores que dañan simultáneamente la barrera cutánea de la piel atópica: el frío exterior reduce la actividad de las glándulas sebáceas y disminuye la producción de lípidos naturales que mantienen la piel hidratada; el viento acelera la evaporación del agua cutánea; la calefacción interior seca el ambiente y aumenta la pérdida transepidérmica de agua (TEWL); y los cambios bruscos de temperatura entre el exterior e interior estresan la piel. La consecuencia es una barrera más permeable, más seca y más inflamable, lo que favorece los brotes de dermatitis atópica.
¿Cuántas veces al día debo hidratar la piel atópica en invierno?
En invierno, las personas con piel atópica necesitan hidratarse como mínimo dos veces al día: mañana y noche. Si la piel está especialmente seca o hay un brote activo, puede ser necesaria una tercera aplicación a mediodía. El momento clave es siempre dentro de los tres primeros minutos tras la ducha, con la piel ligeramente húmeda, ya que es cuando el emoliente sella el agua en la piel con mayor eficacia. Usar una cantidad generosa es fundamental: muchas personas aplican poca cantidad y el resultado es insuficiente.
¿Qué temperatura del agua es mejor para ducharme con piel atópica en invierno?
El agua debe estar tibia, entre 35 y 37 °C. El agua caliente, aunque en invierno resulte muy tentadora, es uno de los peores enemigos de la piel atópica: dilata los vasos sanguíneos, aumenta el picor y elimina los lípidos naturales de la barrera cutánea más rápido que el agua templada. La ducha no debe durar más de 10 minutos. Tras la ducha, secar con toquecitos suaves sin frotar y aplicar el emoliente de inmediato.
¿Qué ingredientes debo buscar en una crema para piel atópica en invierno?
Los ingredientes más eficaces para la piel atópica en invierno son: ceramidas (reparan y refuerzan la barrera cutánea), manteca de karité o aceite de girasol rico en ácido linoleico (aportan lípidos que la piel no produce suficientemente), avena coloidal (calma el picor y la inflamación, con evidencia clínica publicada en varios ensayos), glicerina (humectante que atrae agua hacia la piel), y pantenol (vitamina B5 que favorece la regeneración cutánea). En invierno se recomienda pasar a una textura más oclusiva que en verano: cremas más espesas o ungüentos en zonas muy secas.
¿La calefacción empeora la dermatitis atópica?
Sí. La calefacción, especialmente la calefacción por aire o los radiadores convencionales, seca el aire interior y puede reducir la humedad relativa a niveles del 20-30%, muy por debajo del 50-60% recomendado para pieles atópicas. Con el aire seco, la piel pierde agua por evaporación más rápido, lo que agrava la xerosis (piel seca) y favorece los brotes. Colocar un humidificador en el dormitorio y en los espacios donde se pasa más tiempo es una de las medidas más eficaces para reducir el impacto de la calefacción en la piel atópica.
¿Cómo afecta el frío a la barrera cutánea de la piel atópica?
El frío reduce la actividad enzimática de la piel, ralentizando la síntesis de ceramidas y otros lípidos de la barrera cutánea. Un estudio publicado en el Journal of Investigative Dermatology demostró que las temperaturas bajas deterioran la función barrera de la piel de forma measurable en menos de 30 minutos de exposición. En personas con dermatitis atópica, cuya barrera ya es deficiente de base, este deterioro adicional es especialmente dañino: la piel se vuelve más permeable, pierde agua más rápido y permite la entrada de alérgenos e irritantes que desencadenan la inflamación.
¿Puedo usar la misma crema que en verano durante el invierno si tengo piel atópica?
En general, no es lo ideal. En verano, las texturas ligeras (lociones, geles-crema) son suficientes y más cómodas con el calor. En invierno, la piel atópica necesita una protección más oclusiva: cremas más ricas en lípidos o ungüentos, especialmente en zonas de pliegues, manos, talones y cualquier área especialmente afectada. Si en verano usabas una loción, en invierno pasa a una crema; si usabas una crema, considera usar un ungüento en las zonas más secas. Consúltalo con tu dermatólogo si tienes dudas sobre qué formato es más adecuado para tu caso.

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